LA SOCIEDAD NO CREÓ EL MONSTRUO. EL MONSTRUO ES LA SOCIEDAD.
Las películas que ejercen la crítica social suelen representar la figura del criminal como reflejo, producto y víctima de las disfunciones de la sociedad, eso no es nada nuevo (Monster, p. ej.) El asesino, el psicópata habitual en el cine es ejemplo de maldad natural o el resultado monstruoso de los efectos patológicos del sistema, productos defectuosos e inadaptados que atacan la convivencia o no encajan con los valores sociales, y cuyo destino es la eliminación o la represión.
Pero creo que en Joker se invierten los términos, y ahí estriba la originalidad de la película, y lo que hace su mensaje subversivo. Cuando un individuo que ha estado toda la vida pensando que su inadaptación es producto de su trastorno descubre que no tiene ninguna tara sino que todo le ha sido impuesto, que no es él el averiado sino que es la sociedad la que está enferma, su respuesta lógica es la destrucción. Porque entonces para él los valores sociales no existen, no sirven, son falsos. El individuo sana, y la coherencia con esa sanación consiste en salirse de los cauces sociales enfermos y sin alternativa posible, optar por la libertad y en consecuencia por el caos, la destrucción, y no tomarse nada en serio.
«Solía pensar que mi vida era una tragedia, pero ahora me doy cuenta de que es una comedia».


