LOS MISERABLES (Ladj Ly, Francia, 2019)

SON LAS CONDICIONES DE EXISTENCIA LAS QUE DETERMINAN LA CONCIENCIA.

Esta frase de Marx resume el mensaje de la película, ópera prima del director maliense Ladj Ly, que retrata el ambiente del barrio marginal de París Montfermeil, donde creció y vive, y en el que Víctor Hugo escribió Los miserables.

Al igual que los personajes de la novela, cuyo destino estaba determinado por las condiciones sociales de su existencia, y su reacción ante ello desemboca en la revolución francesa, los habitantes del barrio en la actualidad desarrollan su vida dentro del marco que constituye el grupo al que pertenecen, cultural y económicamente, abocados a la marginalidad, con un descontento y un conflicto permanente, lo cual crea un clima al borde del estallido social.

En este ecosistema conviven grupos sociales o tribus en equilibrio inestable, cada uno luchando por mantener o imponer su forma de vida: los negros comerciantes y traficantes, los hermanos musulmanes, los gitanos circenses, los adolescentes en pandillas. En este contexto la policía es casi una tribu más, que intenta mantener el orden pero también imponer su supremacía, con la sola diferencia de que tiene que mantener la imagen de estar sometida a unas normas.

Lo más interesante a mi juicio es cómo se transmite el mensaje de que las personas van adaptando su pensamiento, su carácter, sus valores y su conciencia a las circunstancias en las que viven, a las condiciones de su existencia. Así, el policía que se comporta como un matón, el adolescente travieso que se transforma en delincuente violento, el gitano que defiende lo suyo con cualquier medio. Incluso el personaje del islamista que predica la paz sostiene un sistema de captación de los jóvenes del barrio. Es un ámbito deshumanizado en el que los individuos pierden su personalidad, son tratados según el grupo al que pertenecen (“los bichos”, llaman los policías a los adolescentes) y sus expectativas están prederminadas.

La película muestra esta situación social (extrapolable a cualquier gran ciudad europea o norteamericana) y advierte de sus consecuencias, y cómo cualquier chispa (como el incidente que inicia la trama) puede causar un incendio, como se ha comprobado en la realidad muchas veces (basta recordar el reciente movimiento Black lives matter). Un planteamiento que quiere mover a la reflexión y a la acción necesaria, sin solución expresa, aunque sí esbozada, como el sorprendente y abierto final de la cinta.

 

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